Tren tempranito hacia República Checa. Esto me hizo acordar mucho a las pequeñas facturas del centro cultural Checo en Prisma. :P –broma interna de mis tres años en la empresa-
Lo bueno de los viajes en tren es la cantidad de paisaje y vida que uno puede observar. Me gustaron mucho los viajes así, pero República Checa fue uno de los mejores y más cómodos. El verde, las montañas, el río, todo formó un componente maravillo sin explicación.
Llegada a la estación. Cambio de moneda. Estafa en el mismo, me cagaron 10€. Ya empezamos con la pata izquierda. A esto, se le sumamos que los autobuses a Viena, los nocturnos, no estaban en funcionamiento porque la empresa que los llevaba acabo ese día no tenía ganas de trabajar y había decidido rascarse el ombligo. Los humos iban de mal en peor. Vuelta a la estación de tren para averiguar horarios y precios, los cuales era una locura. El malhumor seguía en aumento, y no sólo eso sino que los minutos, las horas pasaban, y yo perdía ese tiempo de la ciudad. Regreso a la estación de autobuses. –¿Decime que hay autobuses nocturnos a Bratislava?- Una cosa que hay que rescatar de Praga: la gente es muy copada y amable, tratan de ayudarte en todo lo que puedan sin ningún problema. Hecho. Mi pasaje a Bratislava (Eslovaquia) ya estaba en mis manos.