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Un lugar inesperado

Empecemos por el simple hecho de que cuando llegué a Barcelona nunca me había imaginado que iría a Eslovaquia. Todo fue muy raro pero se fue dando y lo que se va dando nunca es malo. Bratislava salió de la galera y fue uno de los mejores momentos y lugares.

Como decía en el anterior post –Praga-, el viaje a Bratislava se adelantó por falta de autobuses nocturnos hacia Viena. Aunque vamos a confesar que ya estaba en el itinerario pero iba a darse luego de conocer Austria. Volviendo, desde Praga me tomé un bus que me dejó varado en una ciudad desconocida –Bratislava, capital de Eslovaquia- a las 4 de la mañana. En la estación tenía que sacar el pasaje a Viena para ese día pero más tarde, porque aunque sea una capital la ciudad es muy pequeña y la podes conocer en horas. Es decir, que llegué a las 4 a.m. y para esperar a que abrieran las taquillas este viajero aventurero durmió en una estación de autobuses hasta las 6.30hs. :S Lo único catastrófico fue el frío pero después todo muy bien. Sigo vivo y no me falta ni perdí nada. Bueno esto último es discutible.

Por las praderas


Tren tempranito hacia República Checa. Esto me hizo acordar mucho a las pequeñas facturas del centro cultural Checo en Prisma. :P –broma interna de mis tres años en la empresa-
Lo bueno de los viajes en tren es la cantidad de paisaje y vida que uno puede observar. Me gustaron mucho los viajes así, pero República Checa fue uno de los mejores y más cómodos. El verde, las montañas, el río, todo formó un componente maravillo sin explicación.
Llegada a la estación. Cambio de moneda. Estafa en el mismo, me cagaron 10€. Ya empezamos con la pata izquierda. A esto, se le sumamos que los autobuses a Viena, los nocturnos, no estaban en funcionamiento porque la empresa que los llevaba acabo ese día no tenía ganas de trabajar y había decidido rascarse el ombligo. Los humos iban de mal en peor. Vuelta a la estación de tren para averiguar horarios y precios, los cuales era una locura. El malhumor seguía en aumento, y no sólo eso sino que los minutos, las horas pasaban, y yo perdía ese tiempo de la ciudad. Regreso a la estación de autobuses. –¿Decime que hay autobuses nocturnos a Bratislava?- Una cosa que hay que rescatar de Praga: la gente es muy copada y amable, tratan de ayudarte en todo lo que puedan sin ningún problema. Hecho. Mi pasaje a Bratislava (Eslovaquia) ya estaba en mis manos. 

Norte de clima extraño


Mis vacaciones de noviembre serán fraccionadas en siete post para poder contar más tranquilo y con paciencia una nueva forma de aventurarse por los países europeos.

Hace tres meses, yo había comprado mis billetes de avión hacia dos destinos: Londres, que ya les conté anteriormente mi opinión sobre ese horizonte, y Bruselas.
A la vuelta del primer destino, me enteré que me quedaban 11 días laborables para tomarme de vacaciones en mi trabajo. Al llegar a casa, me pongo a pensar y digo: -me queda una semana y días para irme a Bruselas, ¿por qué no estiro el viaje, pierdo el pasaje de vuelta y me voy a recorrer los países del este? Y así fue como surgieron las cosas. Martín, mi compañero de piso, me comentó sobre los viajes por Interrail –viajar por Europa en tren-, miré los precios (muy convenientes) y dije: ¿Por qué no?
El día 30 de Octubre salí corriendo de Decathlon para llegar a casa, levantar campamento –agarrar la mochila- y salir para la Estación del Nord a coger el bus hacia el aeropuerto de Girona. Así empezó el viaje más largo, solo, y aventurero que tuve en años. Agregando que en ciertos momentos tuve unos julepes –miedos- terribles, pero de eso ya hablaremos luego.

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