Empecemos por el simple hecho de que cuando llegué a Barcelona nunca me había imaginado que iría a Eslovaquia. Todo fue muy raro pero se fue dando y lo que se va dando nunca es malo. Bratislava salió de la galera y fue uno de los mejores momentos y lugares.
Como decía en el anterior post –Praga-, el viaje a Bratislava se adelantó por falta de autobuses nocturnos hacia Viena. Aunque vamos a confesar que ya estaba en el itinerario pero iba a darse luego de conocer Austria. Volviendo, desde Praga me tomé un bus que me dejó varado en una ciudad desconocida –Bratislava, capital de Eslovaquia- a las 4 de la mañana. En la estación tenía que sacar el pasaje a Viena para ese día pero más tarde, porque aunque sea una capital la ciudad es muy pequeña y la podes conocer en horas. Es decir, que llegué a las 4 a.m. y para esperar a que abrieran las taquillas este viajero aventurero durmió en una estación de autobuses hasta las 6.30hs. :S Lo único catastrófico fue el frío pero después todo muy bien. Sigo vivo y no me falta ni perdí nada. Bueno esto último es discutible.