
Segunda parada: Berlín.
El tren de Bruselas a Colonia –Köln- partía a las siete de la mañana y desde allí un trasbordo hacia la cuna de las dos guerras mundiales, el nazismo, el muro, parte de las vanguardias, la comunicación, la modernidad, de la economía europea, entre muchas otras cosas: Berlín.
La primer sensación cuando uno llega a Berlín no es: -Estoy en Alemania - sino la gran impresión de ver por primera vez, en una ciudad europea, tanta modernidad junta, a la vez de sentir su occidente y oriente tan diferenciados. Con esto quiero decir, desde un primer momento se nota que Berlín es una ciudad hecha hace muy pocos años desde el cero absoluto. La destrucción casi completa por las guerras hizo de esta una de las ciudades más bellas por su historia aunque en ciertas partes a uno lo atraviese cierto frío por el alma como al estar parado en pleno campo de concentración o caminar por el sendero del muro. Esto último, marcando la realmente nuevo –occidente-, y por otro lado, lo exótico, lo destruido junto lo nuevo, lo nunca vuelto a construir, lo socialista, lo Goodbye Lenin, entre muchas más –oriente-. Además de que en esta última parte se encuentra lo fabuloso de la ciudad para mentes como las nuestras.