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Una Europa diferente, pero muy diferente

Después de unos días en la segunda Alemania –Viena, Austria-, el tren partió hacia los demás países del este. El destino más próximo era Budapest, capital de Hungría y ciudad natal de una de las personas más graciosas y directas que conocí en Barcelona, Agnes.
El viaje duró un par de capítulos de Anne Rice, canciones del Ipod y siestas interrumpidas. El paisaje, como en cualquiera de los otros viajes, era fantástico. Sin embargo, esa fantasía fue rota cuando el tren arribó. La estación de tren de Budapest, Kaleti, es muy parecida a la estación de tren de Constitución, y la zona no se queda atrás. Fue una sensación extraña la que invadió mi cuerpo en ese entonces porque nunca me había sentido así. Lo peor de todo era que el frío no acompañaba a la mejora y esa sensación me embriagó, y no sé si no empeoró en los días que restaban, hasta llegar nuevamente a Barcelona.
La caminata empezó con miedo, así también como la salida de la cámara fotográfica de la mochila. Pero a medida que el turismo se fue acercando al centro la cosa cambió para volver por la noche en la espera del tren a Belgrado, Serbia.

Empezar de cero


Segunda parada: Berlín.
El tren de Bruselas a Colonia –Köln- partía a las siete de la mañana y desde allí un trasbordo hacia la cuna de las dos guerras mundiales, el nazismo, el muro, parte de las vanguardias, la comunicación, la modernidad, de la economía europea, entre muchas otras cosas: Berlín.
La primer sensación cuando uno llega a Berlín no es: -Estoy en Alemania - sino la gran impresión de ver por primera vez, en una ciudad europea, tanta modernidad junta, a la vez de sentir su occidente y oriente tan diferenciados. Con esto quiero decir, desde un primer momento se nota que Berlín es una ciudad hecha hace muy pocos años desde el cero absoluto. La destrucción casi completa por las guerras hizo de esta una de las ciudades más bellas por su historia aunque en ciertas partes a uno lo atraviese cierto frío por el alma como al estar parado en pleno campo de concentración o caminar por el sendero del muro. Esto último, marcando la realmente nuevo –occidente-, y por otro lado, lo exótico, lo destruido junto lo nuevo, lo nunca vuelto a construir, lo socialista, lo Goodbye Lenin, entre muchas más –oriente-. Además de que en esta última parte se encuentra lo fabuloso de la ciudad para mentes como las nuestras.

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