Desde que llegué a este país, a esta ciudad, a Barcelona, lo que más me interesó, además de todo el arte y la mar en coche que uno se imagina, fue conocer Ciudad Universitaria de otro lado, de otros pagos. Pensar que lo primero que vi -conocí-, además de un Aeropuerto último modelo, una amiga -la cual no la tenía en frente mío hace tres años-, un nuevo hogar -por un tiempo-, fue la Universitat de filología. La misma ubicada en pleno corazón de la ciudad, central de rumbos, caminos, objetivos y esperanzas. La misma como central, la misma como un palacio. Es decir, un palacio a nivel arquitectónico, a nivel de tranquilidad, a nivel de hermosura, a nivel de desmesura, a niveles, niveles, niveles.
Sí, ya sé. Sé que en este punto todos pueden estar pensando que estoy loco de remate, que soy un loco de mierda y todo lo que quieran decir pero les doy la razón y no por eso voy a dejar de hablar sobre lo que pasa por mi pequeña cabeza, my little brain, mine, I.